La farsa de la memoria histórica
Si en tu camino hacia el estadio de los mayores campeones de Europa que vieron los siglos —porque esa es la realidad, el bando nacional ganó la guerra igual que el Madrid tiene tres veces más copas de Europa que el Barcelona aunque algún culé no quiera verlo— si en el camino, insisto, vas solazándote por la Castellana de pronto te topas con una estatua gigantesca que tú creerías que es Cervantes, Goya, San Isidro Labrador, patrón de Madrid o como mínimo Galdós o del premio nobel Benavente. Y de pronto te quedas pasmado, te atragantas. Es la de un político facineroso llamado Largo Caballero. Y te haces cruces con recuerdos atropellados
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