La fortaleza de Europa está en su capital ético
Decía Kant en el siglo XVIII que hasta un pueblo de demonios, de seres sin sensibilidad moral, preferiría vivir en un Estado de derecho, en que las leyes regulan las relaciones mutuas y es el juez quien dirime en las disputas, a vivir en el estado de naturaleza, en el que reina la lucha de todos contra todos y vence el más fuerte en poder, no el que tiene mejores razones. Pero, eso sí, añadía a continuación que los demonios preferirían ese orden con tal de que tuvieran inteligencia
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