La Fundación Princesa de Girona renuncia a entregar sus premios en esta ciudad

11 - 05 - 2022 / ARCADI ESPADA - EL MUNDO | EL CATALÁN.ES

No podemos hacerlo

La Princesa de Gerona no conoce la ciudad que da nombre a su título. El Rey de España, su padre, no se atreve a llevarla: hace cinco años el Ayuntamiento lo declaró persona non grata y se negó a cederles un salón para la entrega de sus premios anuales. El Rey asume el veto: este año ha viajado a las cuatro ciudades españolas donde la Fundación celebraba los preliminares de los premios, pero este martes ni él ni la Princesa estarán en Gerona para anunciar el fallo. A pesar de ello la Fundación que lleva el nombre de la Princesa celebrará el acto en Gerona. Y mantendrá de vicepresidente del Patronato al cabut que sigue negándole el saludo al Rey. Y como otros años, en verano accederá a entregar los premios en otro lugar que no sea Gerona. Ayer, fuentes oficiales de la Fundación, en cuyo patronato están los principales empresarios del país, le dijeron a la periodista Marina Pina para que lo publicara aquí: "En Gerona -las fuentes o el periódico dicen Girona, rebajándola-no podemos hacerlo". El Rey, capitán general de los Ejércitos, casi dos metros de altura y todo el poder económico español. "No podemos hacerlo".

El Rey, la Fundación y los empresarios españoles son responsables de un episodio más de la política de apaciguamiento con el nacionalismo catalán que ha dado, como fruto más descollante, el Proceso y la consiguiente ruina moral y económica de Cataluña. Pero el primer responsable es el Gobierno del Estado. Lo que el presidente Sánchez hizo al construir su mayoría de gobierno y parlamentaria con Podemos y los nacionalistas solo se percibe en estas ocasiones. Estas personas que le vuelven la cara al Rey cuando visita Cataluña, que alientan y protagonizan vetos, declaraciones de desprecio institucional y manifiestos tricoteuses gobiernan con el Partido Socialista. La repetición de las palabras -incluso de las aparentemente más destructivas: coalición frankenstein, por ejemplo- acaba vaciándolas de sentido y tienen que venir los hechos a reponerlo. El insólito hecho de ver al Gobierno de España como cómplice necesario de la humillación al Estado.

El pasado explica ruidosamente que la política del apaciguamiento provoca víctimas. Sería un ejemplo inmoral de miopía el pensar que las principales víctimas son la Princesa Leonor y el Rey de España. Pueden pasarse perfectamente sin Gerona, hoy un mojón más de la putrefacción catalana. Los ofendidos son, de nuevo, los que en Gerona o en cualquier otro lugar sometido a la turba defienden el Estado de Derecho y su aplicación consuetudinaria. A los que no puede humillar la trompetería nacionalista, sino la respuesta pusilánime, cuando no indigna, de la autoridad constitucional.

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