La industria política: fábrica de gasto, cementerio de oportunidades
En España, cerca de 400.000 personas viven de la política. El dato, que nos coloca tres veces por encima de Alemania, debería encender todas las alarmas: no porque la democracia no necesite representantes ni gestores públicos, sino porque se ha convertido en una industria que se expande sin medida, ajena a la productividad real y blindada frente a cualquier reconversión, como bien señalaba Mariano Guindal en La Vanguardia.
Lo preocupante no es solo la magnitud, sino la ineficacia que la acompaña: más ministerios, más asesores, más gasto… y, paradójicamente, peor funcionamiento de las administraciones. Seguridad Social colapsada, oficinas de empleo “adictas” a las citas previas, servicios esenciales deteriorados. El aumento de efectivos no se traduce en mejor gestión, sino en una estructura cada vez más pesada y menos eficaz.
BERTA ROMERA - INICIATIVA 2028
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