La izquierda abertzale, arte y parte del informe de las torturas
La izquierda abertzale, arte y parte del informe de las torturas
HACE un par de semanas se presentaron los resultados definitivos de la investigación sobre la tortura y los malos tratos en el País Vasco realizada por encardo de la Dirección General de Convivencia del gobierno Vasco. De acuerdo a dicho informe, se habrían acreditado 4.113 casos de tortura en Euskadi desde 1960 hasta 2014. De ellos, la Guardia Civil sería responsable de 1.792 casos, la Policía Nacional del 1.785 y la Ertzaintza de (no es poco) 336.
El informe ha provocado un apreciable número de artículos y declaraciones. Entre éstas quisiera destacar las realizadas por la presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, para quien el informe da sustento científico a una “realidad” y "acredita" y "documenta" la existencia de esos malos tratos y torturas.
Por descontado, no es un tema trivial. La tortura constituye un grave delito que debe ser perseguido con el máximo rigor. La garantía de los Derechos Humanos de todas las personas representa un valor básico del Estado de Derecho y, por ello, las denuncias, todas, deben ser investigadas de forma creíble y exhaustiva. Una sociedad democrática debe tener la valentía de mirar al pasado sin tabúes y atreverse a echar luz, toda la luz, hacia aquellos actos contrarios a los derechos fundamentales que pudiesen haberse cometido en el pasado.
Dicho esto, el informe encargado por el Gobierno del País Vasco no es, objetivamente, un buen informe. De hecho, tengo la sensación de que en lugar de atreverse a investigar la cuestión con objetividad) sin prejuicios, los autores del informe han preferido hacer un informe parcial y débilmente fundado con el propósito de contribuirá eso que Otegi llamó lúcidamente “la batalla del relato”. El equipo investigador ha sido presentado como una suerte de tribunal de la verdad que, tras examinar imparcialmente las pruebas, ha comprobado esos 4.113 casos de tortura v establecido la responsabilidad de los mismos. No creo, ni de lejos, que sea así. E invito a los lectores a juzgarlo por sí mismos.
De acuerdo a las informaciones suministradas por los autores del informe, el equipo investigador ha recabado 500 testimonios directos de víctimas de tortura y malos tratos, a los que se suman otros testimonios recopilados con anterioridad en audio y en vídeo, sobre todo por Eva Foresten en los años 70 y 8O, hasta alcanzar las 1.027declaraciones de afectados. Ahora bien, ¿cómo va a 'acreditarse" la comisión de 3.500 delitos sin ni siquiera tomarse declaración a las supuestas víctimas? ¿Admitiría alguien el fallo de un tribunal que procediese de ese modo? ¿Se han contrastado con los cuerpos policiales los testimonios recibidos? ¿Se ha escuchado su versión? ¿Por qué no? ¿Porque no iban a ayudar a establecer la “verdad”? ¿Qué investigador procede así?
De esos 500 testimonios directos que acabo de citar, el equipo investigador ha aplicado solamente a 202 la metodología de comprobación y análisis de las consecuencias y secuelas establecidas en el Protocolo de Estambul. Es decir, menos del 5 % de todos los casos de tortura "acreditados”. ¿Se ha seguido todo el Protocolo de Estambul con esos casos? No. Dado eI tiempo transcurrido desde las supuestas torturas, y ante la ausencia de secuelas físicas, el Protocolo se ha reducido al examen psicológico.
La Psicología, ciertamente, es un saber digno de todo respeto. Pero bastante evidente que el valor probatorio de un examen psicológico es más discutible que el de un examen forense No solo por el carácter menos objetivo de los indicios en que se basa, sino por la mayor probabilidad de que la opinión y los prejuicios del investigador condicionen los resultados del examen. Esto nos lleva a preguntamos por los psicólogos que han realizado las entrevistas en esos 202 casos Pues bien, el equipo investigador estaba formado por 28 colegiados. Un rápido cotejo de sus nombres en Google nos muestra que 14 de ellos están claramente relacionados con la izquierda abertzale. ¿Relacionados de qué modo? En algunos casos, por medio de su colaboración con Etxerat (la asociación de familiares de presos de ETA) o su apoyo a iniciativas en favor de los mismos (como Izan Tanta). En otros, por su apoyo público en favor de detenidos por presunta pertenencia a ETA. Su presencia en listas de la izquierda abertzale o su testimonio en juicios en la Audiencia Nacional en favor de procesados por, ¡qué casualidad', casos de terrorismo. Las sentencias de dichos juicios, por cierto, desestimaban esos testimonios -prestados en calidad de psicólogos- a causa de su falta de rigor.
Ciertamente, simpatizar con la izquierda abertzale no lo convierte a uno necesariamente en un mal profesional, ni tampoco lo incapacita para hacer informes periciales objetivos. Pero nadie negará que también es perfectamente posible que la ideología haya condicionado a los psicólogos a la hora de dar credibilidad a los entrevistados. Entra asimismo dentro de lo posible que las sentencias de los jueces de la Audiencia Nacional que descalificaban el peritaje de esos psicólogos lo hiciera sólo por razones políticas... Pero igual que no todo el mundo tiene por qué confiar en el criterio de los jueces, tampoco tenemos todos que creer a pies juntillas en el criterio de unos psicólogos ideológicamente muy caracterizados. En las elecciones autonómicas de 2016, la izquierda abertzale consiguió algo así como el 13% del censo. ¿No es legítimo preguntarse si es una mera casualidad que, por lo menos, el 50% del equipo de psicólogos de un informe sobre torturas esté públicamente relacionado con esa izquierda abertzale?
El tema, decía, no es un tema trivial. Deberá investigarse todo lo que se tenga que investigar. Pero habrá que exigir que se haga con el máximo rigor y con objetividad. (Publicado el 30/12/2017)
Iñaki Iriarte López es profesor de la EHU UPV y parlamentario foral de UPN.






