La izquierda abertzale, arte y parte del informe de las torturas

01 - 01 - 2018 / IÑAKI IRIARTE - DIARIO DE NAVARRA

La izquierda abertzale, arte y parte del informe de las torturas

HACE un par de se­manas se presen­taron los resulta­dos definitivos de la investigación sobre la tortura y los malos tratos en el País Vasco realizada por encardo de la Dirección General de Convivencia del gobierno Vasco. De acuerdo a dicho informe, se habrían acredi­tado 4.113 casos de tortura en Euskadi desde 1960 hasta 2014. De ellos, la Guardia Civil sería responsable de 1.792 casos, la Policía Nacional del 1.785 y la Ertzaintza de (no es poco) 336.

El informe ha provocado un apreciable número de artículos y declaraciones. Entre éstas quisie­ra destacar las realizadas por la presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, para quien el in­forme da sustento científico a una “realidad” y "acredita" y "documen­ta" la existencia de esos malos tratos y torturas.

Por descontado, no es un tema trivial. La tortura constituye un grave delito que debe ser perseguido con el máximo rigor. La garantía de los Derechos Humanos de todas las personas representa un valor básico del Estado de Derecho y, por ello, las denuncias, todas, deben ser investigadas de forma creíble y exhaustiva. Una sociedad democrática debe tener la valentía de mirar al pasado sin tabúes y atreverse a echar luz, toda la luz, hacia aquellos actos contrarios a los derechos fundamentales que pudiesen haberse cometido en el pasado.

Dicho esto, el informe encargado por el Gobierno del País Vasco no es, objetivamente, un buen informe. De hecho, tengo la sensa­ción de que en lugar de atreverse a investigar la cuestión con objetivi­dad) sin prejuicios, los autores del informe han preferido hacer un in­forme parcial y débilmente funda­do con el propósito de contribuirá eso que Otegi llamó lúcidamente “la batalla del relato”. El equipo in­vestigador ha sido presentado como una suerte de tribunal de la verdad que, tras examinar imparcialmente las pruebas, ha comprobado esos 4.113 casos de tortura v establecido la responsabilidad de los mismos. No creo, ni de lejos, que sea así. E invito a los lectores a juzgarlo por sí mismos.

De acuerdo a las informaciones suministradas por los autores del informe, el equipo investigador ha recabado 500 testimonios direc­tos de víctimas de tortura y malos tratos, a los que se suman otros testimonios recopilados con ante­rioridad en audio y en vídeo, sobre todo por Eva Foresten en los años 70 y 8O, hasta alcanzar las 1.027declaraciones de afectados. Ahora bien, ¿cómo va a 'acreditarse" la comi­sión de 3.500 delitos sin ni siquiera tomarse declaración a las supues­tas víctimas? ¿Admitiría alguien el fallo de un tribunal que proce­diese de ese modo? ¿Se han con­trastado con los cuerpos policiales los testimonios recibidos? ¿Se ha escuchado su versión? ¿Por qué no? ¿Porque no iban a ayudar a es­tablecer la “verdad”? ¿Qué investi­gador procede así?

De esos 500 testimonios directos que acabo de citar, el equipo in­vestigador ha aplicado solamente a 202 la metodología de compro­bación y análisis de las consecuencias y secuelas establecidas en el Protocolo de Estambul. Es decir, menos del 5 % de todos los casos de tortura "acreditados”. ¿Se ha se­guido todo el Protocolo de Estam­bul con esos casos? No. Dado eI tiempo transcurrido desde las su­puestas torturas, y ante la ausen­cia de secuelas físicas, el Protocolo se ha reducido al examen psicoló­gico.

La Psicología, ciertamente, es un saber digno de todo respeto. Pe­ro bastante evidente que el va­lor probatorio de un examen psi­cológico es más discutible que el de un examen forense No solo por el carácter menos objetivo de los indicios en que se basa, sino por la mayor probabilidad de que la opi­nión y los prejuicios del investiga­dor condicionen los resultados del examen. Esto nos lleva a pregun­tamos por los psicólogos que han realizado las entrevistas en esos 202 casos Pues bien, el equipo in­vestigador estaba formado por 28 colegiados. Un rápido cotejo de sus nombres en Google nos muestra que 14 de ellos están claramen­te relacionados con la izquierda abertzale. ¿Relacionados de qué modo? En algunos casos, por medio de su colaboración con Etxerat (la asociación de familiares de pre­sos de ETA) o su apoyo a iniciativas en favor de los mismos (como Izan Tanta). En otros, por su apoyo pú­blico en favor de detenidos por presunta pertenencia a ETA. Su presencia en listas de la izquierda abertzale o su testimonio en jui­cios en la Audiencia Nacional en favor de procesados por, ¡qué ca­sualidad', casos de terrorismo. Las sentencias de dichos juicios, por cierto, desestimaban esos tes­timonios -prestados en calidad de psicólogos- a causa de su falta de rigor.

Ciertamente, simpatizar con la izquierda abertzale no lo convier­te a uno necesariamente en un mal profesional, ni tampoco lo incapa­cita para hacer informes pericia­les objetivos. Pero nadie negará que también es perfectamente posible que la ideología haya condi­cionado a los psicólogos a la hora de dar credibilidad a los entrevis­tados. Entra asimismo dentro de lo posible que las sentencias de los jueces de la Audiencia Nacional que descalificaban el peritaje de esos psicólogos lo hiciera sólo por razones políticas... Pero igual que no todo el mundo tiene por qué confiar en el criterio de los jueces, tampoco tenemos todos que creer a pies juntillas en el criterio de unos psicólogos ideológicamente muy caracterizados. En las elec­ciones autonómicas de 2016, la iz­quierda abertzale consiguió algo así como el 13% del censo. ¿No es le­gítimo preguntarse si es una mera casualidad que, por lo menos, el 50% del equipo de psicólogos de un informe sobre torturas esté públi­camente relacionado con esa iz­quierda abertzale?

El tema, decía, no es un tema trivial. Deberá investigarse todo lo que se tenga que investigar. Pero habrá que exigir que se haga con el máximo rigor y con objetividad. (Publicado el 30/12/2017)

Iñaki Iriarte López es profesor de la EHU UPV y parlamentario foral de UPN.