La política, entre Rajoy y Sánchez
Mal que le pese a Rajoy, la previsibilidad está sobrevalorada. Beria, el siniestro jefe de la policía secreta de Stalin, conocedor de que el dictador soviético, en su paranoia, tampoco se fiaba de él y registraba sus conversaciones, condimentaba sus elogios con calculadas críticas para dotarlas de verosimilitud. Obviamente, Stalin también anticipaba este movimiento. El resultado final era el contrario al deseado por Beria: el aumento de la desconfianza. La enseñanza general: en las interacciones sociales resultar previsible no siempre es lo mejor.
Tan deprimente consideración responde a algo más que a una anécdota. Tiene el aval de uno de los más apreciados premios Nobel de economía, Robert Lucas, que precisó la teoría de las expectativas racionales, decisiva para la erosión del consenso keynesiano en los años 70 del siglo pasado. Según esta teoría, las políticas monetarias expansivas resultan inútiles por predecibles. Así, el aumento de masa monetaria -para reducir el desempleo- genera inflación sin estimular la producción real, habida cuenta de que tanto trabajadores como inversores ajustan de inmediato salarios nominales y precios. Es lo que, levantando el vuelo, se dio en llamar «la proposición de la ineficacia de la política». Las políticas que intentan gestionar la economía induciendo a las personas a tener falsas expectativas pueden introducir más "ruido" en la economía, sin mejorarla. En tales casos, la solución consistiría en actuar de forma errática para generar sorpresas inflacionarias temporales. Pero, claro, ahí aparece otro problema: la imprevisibilidad, que maximiza el impacto, mina la confianza.
Esa tensión, que describe los irremediables terrenos de la política, se está decantando en los últimos tiempos del lado de la imprevisibilidad. Nuestro Gobierno es adicto a la política de la vaca sin cencerro. Trump incluso ha elaborado una doctrina: la ausencia de patrones predecibles siempre pilla a los "otros" con el pie cambiado. Una práctica peligrosa en la política internacional, que es algo más que las bobadas belicistas de tebeo comunes en tantos opinadores patrios. Propicia errores de cálculo en negocios literalmente explosivos.
En los cuernos del dilema entre confianza y previsión, junto a su inexorable compañía, el par impacto frente a confianza, pueden ustedes situar al propio Trump, a Putin, a la UE, a los chinos y, naturalmente, a Sánchez y a Feijóo. Y jugar a hacer sus propias quinielas.
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