La tarea pendiente

28 - 06 - 2020 / CARLOS RODRIGUEZ ESTACIO - FACEBOOK

La tarea pendiente

La razón principal para cuestionar la democracia española, más allá de la corrupción y los clientelismos, es la pervivencia de la violencia política y de los dividendos que reporta. El procés no hubiera pasado de ser inane folklore subvencionado (muy subvencionado) sin la omnipresencia de este elemento coactivo. Y qué decir del País Vasco, donde se acepta con naturalidad que aquellos partidos que no son cómplices del etnonacionalismo tengan vedada su presencia electoral —en forma de propaganda o mitines— en muchos lugares de su geografía (por no hablar de la muerte civil de las personas que simpatizan con las ideas ilustradas y, por tanto, anti-cromañón).

Para que un estado de cosas tan atípico como este (y que podríamos denominar pre-político) alcance estabilidad necesita de legitimaciones. Y el pensamiento «progresista» las produce a mansalva y sin descanso. De algunas ya hemos hablado (por ejemplo, la extrañísima idea de que el nacionalismo aldeano y el progresismo riman y con sonan). Me centro ahora solo en un par de ellas:

a. En las últimas elecciones hizo fortuna en los sectores más évoles e iñaquíes el eslógan de que en los territorios más terruñales «se vota diferente». Y tanto que es así. Pero a este hecho le falta la sal de la explicación: se vota diferente por la misma aleación de miedo y adoctrinamiento que hace que, en los países islámicos, las mujeres visten diferente o en Corea del Norte no existan diferentes partidos políticos.

b. Es también bastante frecuente, además de miserable, calificar de provocación el hecho de organizar actos políticos en determinados lugares de txapela y barretina. Como la hemeroteca es interminable, me centraré únicamente en el portavoz de UP, Pablo Echenique, que saludó el anuncio de un acto de Ciudadanos en Rentería afirmando que la intención de este partido era «incendiar la convivencia». El nombre auténtico de esto es instigación a la violencia, al proporcionar de antemano justificación a cualquier atropello: pasara lo que pasara, el «violador eres tú», Rivera. Si tuviéramos una Fiscalía democrática y con sentido de servicio público, tendría que haber iniciado actuaciones —además por la repercusión directa en una cuestión tan sensible como son unas elecciones. Más o menos lo mismo vino a decir cuando el acto de España ciudadana en Alsasua, añadiendo que «ha costado mucho alcanzar la convivencia en País Vasco y Navarra» para que vengan ahora a «enfrentar a unos españoles con otros por un puñado de votos».

De acuerdo con esta lógica, quien fuera a Mississippi en los años sesenta (no digamos antes) a hablar de los derechos civiles de los negros no haría sino «enfrentar a sus habitantes entre sí». No veo ninguna diferencia entre la doctrina Echenique, ampliamente compartida en la «izquierda», y la del Ku Klux Klan. De hecho, estos también compartirían la sutil concepción democrática, imperante en Euskadi y Tractoria, de exigir un referéndum para que la ciudadanía exprese sus puntos de vista «sin límites» acerca de cualquier tema (por ejemplo, si las personas negras podían ser linchadas a petición popular). El resto es crispar a la ciudadanía, judicializar la política o politiquear para conseguir un puñado de votos.

Sin embargo, para una persona de 1º de democracia resulta evidente que:

1) Es legítimo buscar nichos de votantes en circunscripciones donde tienes pocos votos (en Alsasua, por cierto, hasta hace poco ganaban las fuerzas constitucionalistas). Esa es una lógica política elemental. Y debería ser muy fácil de comprender para un partido como Podemos, con escasa trayectoria y abundante ambición expansionista.

2) Allí donde se recibe con violencia unas ideas políticas es precisamente el sitio donde es más necesario que esas ideas sean escuchadas. Y debatidas, razonadas, puestas en cuestión, revisadas, discutidas... Eso fue lo que inventaron los griegos hace más de dos mil años. En oposición a la «dialéctica» de las piedras.

Tristemente la coacción organizada funciona. Savater cuenta una anécdota muy relevadora: en la misma localidad vasca donde le nombraron hijo predilecto a principios de los años 80, ahora solo puede ir si es acompañado de un ejército de escoltas. La historia reciente de España condensada en esta anécdota del tamaño de un tuit.

La izquierda niega esta violencia estructural; entre otras cosas, porque se beneficia de ella. La combinación entre supremacismo moral y violencia instrumental obra el milagro de que un partido como UP, con un peso electoral bastante exiguo (el cuarto partido de este país, con 35 diputados, 17 menos que el tercero, VOX), ¡esté co-gobernando este país! (y a veces sin el «co»).

Al negacionismo de la izquierda se une un cierto masoquismo resignado en buena parte de la derecha. Pero no todo es síndrome de Estocolmo, pues hay quien, como Feijoo, saca provecho de este estado de ideas y de cosas… y luego está VOX, que sencillamente no acepta este tablero trucado.

¿De dónde saldrá el martillo de este «vivan las caenas»?

No tengo ni la más remota idea. Ni siquiera si vendrá tal martillo redentor. O que lo veamos nosotros.

CARLOS RODRIGUEZ ESTACIO - FACEBOOK

https://www.facebook.com/carlos.rodriguezestacio/posts/10218158578900592

2020-06-28

leer más...