La toga del fiscal general
La comparecencia del fiscal general del Estado ante el Tribunal Supremo, si no está siendo un juicio histórico, se le parece mucho porque nos encontramos ante una causa sin precedentes. Por tratarse de la primera vez en democracia que un fiscal general tiene que rendir cuentas ante la más alta instancia jurisdiccional del país figurando como acusado en un procedimiento penal y por darse la grave particularidad de que el procesado ha persistido en aferrarse a su cargo. Por ética, Álvaro García Ortiz debería haber comparecido ante la Justicia como un ciudadano más, pero no como fiscal general del Estado. Así es que, desde el momento en que decidió no dimitir, esta causa se ha convertido en un desafío del acusado ante la Justicia que bien podría haber defendido su inocencia sin utilizar la toga, como hizo ayer, como prenda de disuasión.
TONIA ETXARRI- EL CORREO (VÍA FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD)
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