Las vacaciones del déspota
Nunca en la democracia española hemos estado tan sometidos a la voluntad de un sólo hombre. Y no porque sus méritos sean muchos, que no lo son. En realidad, España no ha cesado de retroceder desde que gobierna. Pero sí porque ha acumulado más poder del que ningún otro presidente del Gobierno ha tenido jamás en este país.
Lo ha conseguido a base de anular los poderes de los demás. Ha convertido a los ministros de España en sus siervos personales, que repiten el argumentario del día, encaje o no con su trayectoria y sus creencias. Ha hecho del Parlamento una triste expresión diaria de su idea personal de la política: confundir, polarizar, dividir. Y, por supuesto, ha transformado al Partido Socialista en una secta a su servicio en la que triunfan y proliferan los dóciles y los corruptos
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