Los ayatolás de Sant Jordi
El nacionalismo catalán acosa a Eduardo Mendoza por pedir un Sant Jordi centrado en la cultura y no en el conflicto
Políticos, activistas y terminales mediáticas del soberanismo se han lanzado en tromba contra el autor de La ciudad de los prodigios. Mendoza, con su habitual ironía, cuestionó la supremacía de la Diada de Sant Jordi política y lanzó un dardo al mito de Sant Jordi, calificándolo de «maltratador de animales». Estas palabras han bastado para que el separatismo más radical active sus redes de linchamiento. La libertad de opinión vuelve a ser perseguida en una Cataluña que el nacionalismo pretende monocromática.
SERGIO FIDALGO - ELCATALAN.ES
2026-04-18
Los ayatolás de Sant Jordi
Desde hace décadas, Cataluña exporta humoristas de éxito al sistema mediático-cultural español, como Buenafuente, Évole y el ahora de moda Marc Giró, cada uno con su estilo, virtudes y obsesiones. Es por tanto una tierra de graciosos profesionales, pero cuyo establishment nacionalista, que todavía controla el debate público y fija el canon de la corrección política, es ajeno paradójicamente al mínimo sentido del humor. Siempre y cuando, claro, la burla toque sus patrióticas narices y no haga escarnio de la “fascista España” y sus símbolos. Esta intolerancia a la humorada y a la ironía, defecto de la mente totalitaria, se ha expresado esta semana en forma de jauría inquisitorial contra el escritor Eduardo Mendoza, cuyas novelas construyen junto a las de Juan Marsé y Francisco Casavella el gran retrato político-social de Barcelona. Esta vez, cometió la herejía de pedir que se desligue el Día del Libro de la festividad de Sant Jordi, patrón de Cataluña. “Voy a empezar a hacer la campaña fuera Sant Jordi. Es el día del libro. Siempre se le ha llamado día del libro. No pinta nada. Sant Jordi era un maltratador de animales y seguramente no sabía leer”, fue la frase de la discordia que soltó Mendoza, con una media sonrisa entre tímida y picara, durante la presentación de su novela La intriga del funeral inconveniente. No tardó
entonces el independentismo, con Lluís Llach al frente de los ayatolas de Sant Jordi, en calificarlo de resentido, inadaptado, fascista... Incluso el nacionalista Puigdemont le acusó de ser ¡un nacionalista! Desconozco las intenciones de Mendoza, mi antiguo vecino de escalera, pero sus declaraciones me parecen una divertida boutade, con la justa mezcla de elegante provocación y de verdad para reclamar que se separe la cultura del manoseo político-identitario. También para agitar esta Cataluña oficial, que inventó el pujolismo y consagró el PSC, en la que hay una serie de símbolos y dogmas intocables de la catalanidad según los nacionalistas: los Pujol, el monasterio de Montserrat, el Barça, el concepto de “lengua propia”, Lluís Companys como supuesto demócrata y Sant Jordi como una fiesta universal de la cultura... Cuando la realidad es que el 23 de abril se ha convertido en una estafa antiliteraria, con las editoriales forrándose con libros pésimos, y unas calles tomadas por cuadrillas de vendedores de rosas. Pero al margen de lo que piense cada uno del actual Sant Jordi, la virulencia de las críticas a Mendoza confirman el diagnóstico que apuntaban las acusaciones de “submarino españolista” a David Uclés por reivindicar a Mercé Rodoreda, o las invectivas contra Rosalía por cantar “sólo un tema” en catalán en Lux: al nacionalismo no le gusta la Cataluña real del postprocés, de ahí su expansiva rabia porque es mestiza, plurilingüe y alejada del sistema, y ya no puede dirigirla a su gusto con las viejas estructuras de poder.
IÑAKI ELLAKURIA - EL MUNDO
2026-04-17
El separatismo catalán manipula la fiesta de Sant Jordi para intentar acabar con el uso de la lengua española
El trasfondo de la protesta fue estrictamente ideológico y excluyente. Barcelona ha vuelto a ser el escenario de una manifestación que, bajo el paraguas de la lengua catalana, esconde una clara agenda política de confrontación para excluir al español como lengua de uso social. Por segundo año consecutivo, las calles de la capital catalana han servido de altavoz para unas entidades que no se conforman con la cooficialidad lingüística.
La Guardia Urbana cifró en 1.400 los asistentes en Barcelona, una cifra modesta que contrasta con la narrativa de «emergencia» que intentan vender los organizadores. La plataforma ‘Sant Jordi por la Lengua’, apoyada por cerca de 200 entidades satélites, lideró una marcha que partió de la plaza Universitat. A pesar del tono festivo que pretendían proyectar, el trasfondo de la protesta fue estrictamente ideológico y excluyente
SERGIO FIDALGO - ELCATALAN.ES
2026-04-24









