Los que siempre ganan
EL PP parece asombrarse de la falta de reacción de los nacionalistas ante las abrumadoras evidencias de degradación moral del Gobierno. Una vez más, no entienden nada. Los nacionalistas están familiarizados con la podredumbre. Protagonizaron el mayor experimento natural de servilismo ciudadano de nuestra democracia cuando, en 2014, Pujol reconoció públicamente haber mantenido durante 34 años una fortuna oculta en el extranjero sin regularizar... y aumentaron sus votos. Y luego llegó 2017.
Pero su falta de reacción no solo se explica por razones inmunitarias. Hay otras más hondas, estratégicas. La corrupción refuerza su guion político último: acabar con la nación común. Hasta ahora buscaban la realización de sus aspiraciones mediante el desguace de las instituciones: la autonomía con germen de estructuras de Estado. Ahora han descubierto otra nueva: allanar el camino a la corrupción de Estado. ¡Qué mejor modo de desprestigiar a España!
Hay muchas maneras de desollar a un gato. No importa cómo. Siempre lo han tenido claro: el fin superior justifica los procedimientos. Yo, en eso, resignadamente, a veces estoy de acuerdo. Como todo el mundo, salvo los psicópatas, comienzo el día con una mentira piadosa: “Buenos días, vecino, qué buena cara tiene”. Solo que para los nacionalistas las mentiras no son renuncias, sino normas de actuación.
Lo último que los nacionalistas quieren es un Estado sano y fuerte. Así que mejor cebar la infección de la vida pública. Turull ha sido muy claro: “Hay que aprovechar las debilidades del Estado español”. Fortalezco el virus y me quejo de la patología. Por supuesto, saben que en sus mercados de votos habituales nadie les cobrará sus complicidades con los corruptos. Al revés, entre sus votantes reafirmarán su relato: “Así es España, basura; si queremos salvarnos, mejor lejos”.
Son indecentes, pero no tontos. Su apoyo al PSOE no es incondicional. “Incondicional” es un sintagma que no forma parte de su repertorio semántico, como pudo comprobar Rajoy en carne propia. Cuando sean prescindibles querrán ser necesarios. Si ven que la derecha se acerca a la mayoría absoluta, volverán a invocar la moral. Abandonarán a Sánchez como abandonaron a Rajoy. Eso sí, no se irán de vacío. Sánchez los ha acercado a sus objetivos políticos. Y gratis. La independencia tranquila, un de facto que, con el tiempo, resultará indistinguible de un de iure.
Y el PP, por lo que apunta, aunque no los necesite, aunque conozca su responsabilidad en el deterioro de nuestra vida pública, volverá a comprar la mercancía tirando del vacuo repertorio habitual de la conllevancia y demás chatarra. De lo que estoy seguro es de que no desandará camino. La política del trinquete. [Publicado el 26/06/2025]
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