Mafias, clubes, partidos
Los aliados no desdeñaron negociar con ellos a la hora de preparar su desembarco en Sicilia o de recuperar a sus soldados prisioneros en Nápoles. Entre mafia, partido y Estado ha existido siempre una filiación continua. En todas partes y en diverso grado: es uno de los precios a pagar por la democracia, ese sistema cuyas inestimables ventajas para el ciudadano deben ser pagadas atenuando la violencia de los delincuentes, y, cuando es preciso, integrándola en el vértice del Estado. La historia de la Democracia Cristiana y del Partido Socialista italianos tras la Segunda Guerra Mundial es ésa. Es ésa hoy, en España, la historia de un partido socialista que, salvo sus siglas, nada conserva que no sea la fidelidad a lo que sólo puede moralmente ser llamado un «Capo».
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