Manuel Indiano, el vendedor de gominolas

29 - 08 - 2023 / JOSÉ ANTONIO PÉREZ PÉREZ - FACEBOOK

Manuel Indiano, el vendedor de gominolas

Hace unas semanas recordaba por aquí la terrible historia de Manuel Zamarreño, aquel hombre íntegro y valiente que decidió ocupar el puesto de concejal que dejó libre su amigo José Luis Caso tras ser asesinado por ETA. Pero hubo más hombres y mujeres como él, personas que arriesgaron sus vidas a sabiendas del peligro que corrían por defender unas ideas.Tal día como hoy, el 29 de agosto de 2000, la banda terrorista mató a Manuel Indiano, "el vendedor de gominolas". Su mirada me recuerda a la de Zamarreño. Como él lleva la muerte escrita en el rostro.

 La historia de la trama criminal que acabó con su vida es una de las más terribles que se vinieron en aquella época dominada por el odio que extendieron ETA y su brazo político en el País Vasco. Indiano firmó su sentencia de muerte desde el momento que decidió figurar en las listas del Partido Popular a las elecciones municipales del año 1999 en la localidad de Zumárraga. Podrían escribirse ochocientas cincuenta Patrias diferentes, una sobre cada víctima del terror de ETA, sobre la miserable tela de araña que se fue tejiendo en torno a ellas. Incluso después de muertas. Y aun así, no llegaríamos a comprender verdaderamente lo que significó vivir con miedo. Para hacernos una idea, es necesario profundizar en las raíces del odio, un odio que se alimentó durante décadas gracias a la extensión de una ideología supremacista, excluyente y profundamente xenófoba maquillada con un barniz revolucionario.

Manuel Indiano y a su mujer, Encarnación Carrillo, eran de origen inmigrante. Él había nacido en Madrid, aunque su madre era natural de Alcaudete, un pequeño pueblo de Jaén, de donde procedía también la familia de Encarni. Ella misma ha comentado como se conocieron: 

"Manuel y yo nos conocíamos desde pequeñitos, pues teníamos familia en común, y así es como nació nuestro amor. Por eso un buen día Manuel decidió trasladarse a Zumárraga y empezamos nuestra relación". 

No podían imaginar entonces que su historia teminaría de un modo tan trágico. Hay circunstancias en la vida que acaban truncando para siempre las ilusiones de una pareja. Aunque Indiano tenía una sólida formación, un accidente y otra serie de circunstancias adversas impidieron que encontrase un trabajo estable a la altura de sus capacidades. Mientras tanto, ella había conseguido empleo en el servicio de limpieza del Ayuntamiento de Zumárraga. Fue allí donde conoció a un concejal del PP y a otro militante de este partido con los que trabó amistad. Y fue a través de ellos como surgió la idea de que Manuel se incorporase como independiente a las listas del PP para las elecciones municipales de 1999. Los populares eran la última fuerza política con representación en el pueblo y hasta ese momento tan solo contaban con un concejal, Valerio Martínez, que había conseguido ser elegido por un escasísimo margen de votos en 1995. Sin embargo, la buena labor que realizó este último y el crecimiento que había experimentado el partido en los últimos años en el País Vasco, a pesar de la persecución que sufría, hicieron que las posibilidades de sacar un concejal aumentasen en aquella elecciones. 

El anuncio de la ruptura de la tregua de ETA lo cambió todo. Aquel espejismo que utilizó la organización terrorista para rearmarse sembró el pánico entre los siguientes candidatos que formaban parte de la lista. Como me recordaba mi compañero y amigo Javi Gómez , el segundo de la plancha electoral era Faustino Villanueva, que jubilado y a sus 71 años se dedicaba por completo a colaborar en diferentes obras sociales como la rehabilitación de toxicómanos. En diciembre y tras la ruptura de la tregua, Villanueva presentaba su dimisión. Tres vecinos iban por detrás de él en la lista que había preparado el PP de Zumárraga en las elecciones municipales de 1999, pero ni el tercero, ni el cuarto, ni tampoco el quinto de la lista quisieron tomar posesión del escaño que abandonó Faustino. Quien sí lo hizo fue Indiano, “convencido -según contaron años después dos miembros del PP-, de que un hombre en paro, desconocido en todas partes, especialmente en Zumárraga, nunca sería objeto de la más mínima atención por parte de nadie, incluso de los terroristas”. El pobre Manuel, se equivocó. 

Unos pocos meses después Indiano se hizo con el traspaso de un pequeño negocio, una tienda de chucherías, que sería el escenario de su asesinato. El local fue reinaugurado el día de San Juan, tras acometer una serie de reformas y durante las primeras semanas tuvo mucho éxito. La suerte, por fin, parecía sonreír a la pareja. Pero las cosas se torcieron muy pronto, en el momento en que su nombre apareció citado en una revisa local ligada a la izquierda abertzale. Unos apuntaban y otros disparaban. Fue el primer aviso. El segundo llegó en forma de diana con su nombre dentro pintado en una pared. Seguro que han leído Patria o han visto la serie. Así fue. Algunos especialistas en historia de la Mafia niegan que pueda establecerse un paralelismo entre este fenómeno y el del terrorismo en el País Vasco. Sus procedimientos, el control absoluto que ejercieron sobre las pequeñas localidades, el chantaje y el terror que infundieron a sus víctimas fueron muy similares. Tras aquellas pintadas llegaron las llamadas amenazantes y el miedo comenzó a hacer mella en aquel hombre y en su pareja, para entonces en avanzado estado de gestación. "Es toda una experiencia vivir con miedo". ¿Se acuerdan? Manuel y Encarni lo sintieron en sus propias carnes y a pesar de ello resistieron, siguieron en pie. 

Para entonces él había renunciado a llevar escolta, al entender que era incompatible con el hecho de regentar su negocio, una tienda de chucherías a la que acudían decenas de niños.  Asesinar a Indiano fue tan fácil para sus pistoleros como matar una mosca. El 29 de agosto de 2000, sobre las 10:30 horas,  tres pistoleros de ETA entre los que se encontraba Francisco Makazaga, irrumpieron en el local y acabaron a tiros con la vida de Manuel Indiano. Su cuerpo quedó tendido en medio de un charco de sangre, rodeado de gominolas y caramelos.

Epílogo:

La terrible historia tiene un epílogo cruel que refleja hasta que punto el terrorismo de ETA impidió que miles de ciudadanos pudieran ejercer con libertad su voto. Tras el asesinato de Manuel Indiano nadie quiso sustituir al edil popular, pero tampoco quisieron mantener sus actas los concejales socialistas. Meses después y uno a uno dejaron a su formación sin representantes en el ayuntamiento de Zumárraga al negarse a llevar escolta. A pesar de los esfuerzos y de la implantación que tenía el PSE en la localidad no encontró relevo. El terrorismo de ETA y el acoso de su entorno hicieron que los 1.834 vecinos (un 30%) que habían apoyado a los socialistas se quedasen sin representantes. Hubo un hecho excepcional. La concejal de Euskal Herritarrok (la marca que por entonces utilizó HB en forma de coalición) Montse Torner, crítica con los atentados de ETA, también persentó su dimisión. En el año 2002 hizo lo mismo Usua Busca, amiga de Encarnación Carrillo y concejal de Eusko Alkartasuna. Como ha recordado el historiador Javier Gómez, Usua fue madrina de María, la hija póstuma de Indiano (nacida en octubre de 2000). Su relación con la viuda del concejal del PP hizo que fuera acosada sistemáticamente por la izquierda abertzale debido a su decidido apoyo a la viuda de Manuel. 

Así funcionó el miedo en el País Vasco durante décadas.

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