ni qué rearme
Hasta ahora, Sánchez tenía que mentir a un solo grupo al mismo tiempo y generalmente correspondía con sus votantes. Buena parte de estos llegaron a encontrarle un placer flagelante al hecho de ser engañados y lo asumían en una reverencia penitencial, deseable secretamente en una manera que no logro entender, un poco como la gente que va al gimnasio a completar ejercicios por los que terminan vomitando y, al día siguiente, vuelven
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