No me llamen asesino
No me llamen asesino
Aplacada la tensión del momento, ablandada, como todo, por el paso del tiempo ya se puede ver la polémica entrevista de Jordi Évole (JE) a Josu Ternera (JT). Antes de nada, pero sobre todo, no sé qué pinta una entrevista televisiva en un festival internacional de cine de categoría A como es el de San Sebastián... Es tanto como llamar película a un vídeo de boda.
Formal y conceptualmente es una entrevista a la altura de las que viene haciendo JE para televisión. El nivel formal es el básico profesional y a lo demás, pues... le falta profundidad, pero como a tantas cosas que tienen que ver con el tema y como al propio Évole tan habitualmente.
En uno de los cartones del comienzo se lee: La 'guerra sucia contra ETA' causó 73 muertos... La de ETA ¿fue limpia? Y en los cartones del final, un epílogo valorativo al hilo del relato oficial.
Acaba de decir Otegi, «el secreto de nuestro éxito está en nuestros valores. Somos la izquierda consciente de nuestra responsabilidad histórica que trabaja con humildad y mantiene los principios».
Valores y principios. Y voluntad de servicio. «A nadie le gusta matar», dice JT, pero también otros etarras o 'abertzales' entrevistados por mí utilizan, curiosamente, la misma 'reflexión'. O sea que estuvieron 50 años haciendo algo que «no les gustaba», tiene mérito. JT entró con 17 años y ahora tiene 71. «ETA forma parte mi vida». Su primera y última empresa.
«Todo» fue fruto de las circunstancias. «Una parte importantísima del pueblo vasco pensaba que para hacer frente al sistema que nos oprimía había que utilizar todos los medios». «Nunca he dicho que matar está bien, nunca». Añade que ha cumplido el mandamiento de «no matarás». ¿Eso excluye el de ordenar matar? AAAAaaah, el entrevistador no tiene esa repregunta... ni otras muchas repreguntas obvias.
Preguntado por si se les entrenaba para pasar a la «acción», dice «¿Instrucción? Nos enseñaban a disparar uno o dos tiros y punto». Lo suficiente: con un par de tiros mataron a más de la mitad de las víctimas. Todo muy común, cosas de la vida iban venían, se escondían... solo querían presionar al Estado español, pero de terrorismo, nada, «el objetivo de ETA nunca fue hacer terrorismo». Eso lo han hecho «otros grupos», los islamistas...
JT no es que sea tonto sino que miente todo el tiempo. Lógicamente, intenta escaquearse rodeándose de un laberinto de circunstancias. Si dice alguna verdad es aproximadamente, viejo truco aconsejable para minimizar lo obvio. Da toda la pinta de no muy listo. Ahora bien, por si no lo saben, en lo rural vasco el que adquiere la fama de listo es el que mejor sabe hacerse el tonto. Exagera a menudo, sus excursiones por la historia son muy sui géneris, todos los condicionantes son ajenos a él... «yo entonces no estaba en la dirección», «nunca disparé»,... parece que no hizo nada, ni sabe por qué se tomaron ciertas decisiones... Y hasta pide perdón (solo por los niños asesinados) como si se tratara de una formalidad tras un empujoncito descuidado en el bus, sin darse cuenta de ese comportamiento incrementa el menosprecio a sus víctimas.
A la mitad del documental cualquier no experto en el tema ya puede empezar a adivinar las respuestas de JT.
En general, su tono es evasivo aderezado con una insustancialidad muy a la vasca que incluye una querencia sinsorga por la falsa modestia, «soy un tipo normal, ni mejor ni peor. Un tipo con convicciones políticas, culturales y hasta una familia, como cualquiera...» y bla, bla, bla. Simplonería local más una tendencia coloquial a disolver en generalidades su participación en «cosas» concretas realmente aborrecibles. Como que pasaba por allí. Técnicamente, la banalidad del mal. Banalidad que se vende bastante bien y con la que aspira a inmortalizarse como víctima de unas «circunstancias» por las que sacrificó su vida por los demás, por el Pueblo. Termina diciendo que lleva una «mochila» muy pesada, pero que no parece contener el suficiente drama.
Quiere darnos pena esta gente. Cuando le preguntaron a Kubati, asesino múltiple de la banda, si antes de disparar a alguien no pensaba en la familia del que tenía delante, éste sí que fue franco: «Cuando voy a matar a alguien no pienso en tonterías». Tonterías. Así que, no me llamen asesino.
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