Obsesión por la lengua

05 - 02 - 2021 / TOMADO DEL FACEBOOK DE CECILIA CES

Obsesión por la lengua

(De I.T)

"Yo ya he dicho en alguna ocasión que mi mujer es monitora de transporte escolar. Lleva a niños de primaria y secundaria. Y siempre me cuenta historias con miga. Nada me sorprende, por supuesto, porque yo trabajo también con chavales. Hay algo particular en su caso, y es que en las rutas que ella cubre hay un porcentaje muy alto de niños y chavales de origen foráneo, sobre todo magrebíes. Y otros, también, autóctonos pero de origen charnego que viven en un pueblo en el que, en fin, hay familias que se dedican a negocios un poco turbulentos: sin ir más lejos, hace poco entraron en la casa de varios de esos chavales varias dotaciones de los Mossos y se llevaron a algunos de sus familiares detenidos. Bueno, que me voy por las ramas, algo raro en mí.

El caso es que hoy se ha producido en el autobús una de esas conversaciones que, no sé, quizás sean el síntoma de algo. Las protagonistas, mi mujer, y dos niñas de origen magrebí, una de diez años, con síndrome de Down, y otra de cinco. Repito: una niña de diez años con síndrome de Down y otra de cinco, y ambas de origen magrebí. La cuestión es que mi mujer estaba hablando en castellano con la niña de diez años, quien le estaba recordando, insistentemente, que pronto será su cumpleaños. Y, en cierto momento, se ha dirigido a la de cinco, en catalán. Mi mujer, que tiene la directriz de hablarles solo en catalán, dice que a algunos les habla en castellano y a otros en catalán, en ocasiones de manera un poco arbitraria, sobre todo con los más pequeños. Pues bien: al dirigirse a la niña de cinco años en catalán, esta le ha dicho algo así como: «bueno, ya está bien, ¿por qué todo el mundo me habla en catalán?, siempre en catalán, siempre en catalán, todo en catalán». En ese momento, la niña con síndrome de Down ha saltado y ha dicho: «a ver, que estamos en España». Y la niña de cinco seguía con lo suyo, según cuenta mi mujer haciendo aspavientos, llevándose las manos a la cara, volteando los ojos: «en el cole todo el día: “catalán”, “catalán”, “Cataluña”, “Cataluña”, “catalán”, ya está bien, ya está bien».

Y, en fin, yo qué sé, no es la primera vez que observo en niños o adolescentes ese hartazgo. Y, ojo, porque en muchos casos no procede de descendientes de «charnegos», no, sino de alumnos con otros orígenes. Y vuelvo a lo mismo: cómo será el ambiente en la enseñanza como para que una niña de cinco años y otra de diez con síndrome de Down reaccionen de esa forma, como para que ya perciban, tan pequeñas, esa obsesión por la lengua. Y, bueno, está claro que el efecto va a acabar siendo —está empezando a serlo— contraproducente".

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