Otegi de nuevo en el candelero
Otegi y la serenidad debida
Pocos de los vinculados a ETA parecen pensar en hacer autocrítica y condenar la violencia debida
La responsabilidad sobre un atentado no acaba al dejar atrás la cárcel, igual que la pena para las víctimas no tiene fecha de caducidad: ellas, como los asesinos o los secuestradores, nunca dejan de serlo.
LA ESCRITORA y cineasta francesa Marceline l.oridan-lvens se describía a menudo como una «chica de Birkenau». Su lugar de referencia podría haber sido su barrio de Épinal o el pueblo de sus padres judíos polacos que habían emigrado a Francia. Sin embargo, el sitio que había determinado su vida era el campo de concentración al que la llevaron cuando tenía 15 años y al que sobrevivió. Admitía que ella y otros supervivientes 110 eran «solo lo que nos pasó», pero, al mismo tiempo, reconocía que una parte de si mismos se estancaba para siempre en el momento del trauma. Y que, como la habían detenido en plena rebeldía adolescente, su cómputo de años, su lugar de referencia vital, su propia definición perentoria había sido la de una chica rebelde de Birkenau.
La investigación que este periódico ha desmenuza do sobre el historial policial de Arnaldo Otegi y los atentados de ETA político militar deja al descubierto los traumas que esta escisión de la organización terrorista provocó en sus víctimas. La retahila de secuestros empuja a preguntarse cuántas personas se estancaron para siempre en aquellos momentos traumáticos que los terroristas provocaron: cuando jugaron a la ruleta rusa con el directivo de Michelin Luis Abaitua. cuando trasladaron en el maletero de un coche al político Javier Rupérez sin desvelarle si el destino era su libertad o su muerte o cuando insuflaron el miedo al profesor universitario Juan de Dios Doval, que en el funeral del militante de UCD Jaime Arrese afirmó que el siguiente sería él. En efecto, lo fue.
El relato de estas acciones terroristas nos lleva, inevitablemente, a mirar hacia quienes las perpetraron. El periodista Mario Calabresi, hijo del comisario italiano Luigi Calabresi asesinado en 1972. afirma que una persona puede ser un ex terrorista, pero no puede ser un ex asesino. A la luz de esa lógica, tampoco un ex secuestrador. Pero, si siguiendo la reflexión de «la chica de Birkenau». un superviviente no es sólo lo que le pasó, tampoco un terrorista es solo lo que hizo, sino también lo que decidió hacer después con el daño que causó. Se trata de un precipicio moral al que hay distintas formas de asomarse y algunas son radicalmente diferentes a las que han elegido la mayoría de los miembros de ETA.
Adriana Faranda nació en el pequeño pueblo siciliano de Tortorici en 1950. siete años antes de que Arnaldo Otegi lo hiciera en Elgoibar. En 1973. Faranda fundó el grupo Lucha Armada Poder Proletario, su pasarela a la dirección de las Brigadas Rojas. En 1978 cuando Otegi llevaba un año en las filas de ETApm, Faranda participó en el secuestro y asesinato del político democristiano Aldo Moro. Aquel atentado golpeó a la sociedad italiana y atrajo la atención de los medios de comunicación internacionales, y muy
probablemente también de los polimilis, cuando en 1080 secuestraron y asesinaron .il militante de UCD José lgnacio Ustarán y dejaron su cadáver en un coche aparcado junto a la sede del partido, resultó inevitable encomiar paralelismos con el crimen del político italiano.
El asesinato de Aldo Moro se convirtió en un punto do no retorno en la biografía de Adriana Faranda. Ella había amparado su secuestro, pero no estuvo de acuerdo con la decisión de acabar con su vida y abandonó las Brigadas Rojas en 1979 fue detenida y, Junto a su Pareja, Valerio Morucci, se sumó a la vía de la disociación, un proceso por el que miembros de la organización terrorista se comprometieron no solo a abandonar la práctica de la «lucha armada», sino a renegar de ella en términos políticos para cuestionar las causas profundas que los habían llevado a elegir la violencia. En otras palabras, a deslegitimarla. En el proceso se enfrentaron a los irredentos. Sus otrora compañeros de filas llegaron a amenazarles y agredirles, pero el grupo crítico se hizo fuerte y los irreductibles, aquellos que seguían defendiendo la pertinencia del terrorismo. que solo reconocían algunos errores puntuales y que defendían una retirada estratégica sin renegar de su pasado porque la «guerra» no había terminado, quedaron reducidos a una minoría. Frente a la tentación de pensar en la singularidad histórica del terrorismo en España, basta levantar la mirada para comprobar que las similitudes saltan a la vista.
En su alejamiento de la violencia. Adriana Faranda se enfrentó al dilema de qué hacer con el daño que había provocado. En entrevistas y conferencias ha contado que. cuando fue consciente de que había cometido errores irreparables y había provocado un dolor inmenso a otras personas, deseó expresar públicamente su propia amargura. «Pedir el perdón de las víctimas sería una nueva forma de violencia: ponerles ante el dilema de perdonar o no perdonar añadiría dolor al dolor. Tampoco se puede resarcir: Pero quizá se puede contribuir a serenar», declaró en una entrevista a El País en 2006. Su forma de serenar fue reunirse con las víctimas que accedieron a conversar con ella, vender su casa y donar la suma a Caritas, que la distribuyó entre las familias de las víctimas que lidiaban con estrecheces económicas. Otra forma de serenar consistió en contar públicamente su historial terrorista y su autocrítica y hacerlo, incluso, junto a una de sus víctimas, Agüese Moro. En una ocasión. Faranda explicó entre lágrimas que una de las mejores cosas que le había dado la vida era su amistad con la hija de Aldo Moro.
Quienes en algún momento de sus biografías han pertenecido a ETA se han asomado ya al precipicio moral al que a finales de los 70 se enfrentó Adriana Faranda. Y ya han decidido qué hacer con el daño que provocaron. Puede que algunos dieran por saldadas sus cuentas el día que cumplieron sus condenas, si es que las tuvieron. Las sucesivas investigaciones historiográficas y periodísticas, como el libro Héroes de la retirada. La disolución de ETA político-militar (Tecnos). ponen de manifiesto una verdad incómoda:que hay un porcentaje elevado de acciones terroristas que no se han resuelto ni se van a resolver y, con ello un número elevado de terroristas que nunca va a responder por sus delitos. La cuestión sin embargo, es que la responsabilidad sobre un atentado no acaba cuando se deja atrás el rubicón de una cárcel, igual que la pena para las víctimas no tiene fecha de caducidad. Porque ellas, como los asesinos o los secuestradores, nunca dejan de serlo.
MARÍA JIMÉNEZ RAMOS - EL MUNDO
2023-10-24
España en la cajuela
Envalentonado por el incondicional apoyo de su socio prioritario, el PSOE, Otegui ha ido incluso más allá a propósito de la respuesta dada por Israel al ataque de los terroristas de Hamás. «No somos partidarios de utilizar rehenes civiles para hacer canjes de un tipo o de otro»
IVÁN VÉLEZ - LA GACETA
2023-10-23
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Otegui pide a Hamás, de igual a igual, que suelten al compatriota vasco. Dice que «no es partidario de usar rehenes civiles para hacer canje». Miente. En El Mundo podíamos leer de su puño y letra: «que el tío te diga la cifra de millones que cree que se puede pagar por su rescate»
TONI CANTÓ - LA GACETA
Como si Otegi no hubiera existido
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JOAQUÍN MANSO - EL MUNDO
2023-10-22
Víctimas de ETA y de la paz
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CARMEN LADRÓN DE GUEVARA - EL MUNDO (VÍA ALMENDRÓN)
2023-10-19
EXCLUSIVA Los archivos secretos de Policía y Guardia Civil (2): La orden manuscrita de Otegi para un secuestro: 'El tío estará en el capó, metido en un saco, esposado'
LEYRE IGLESIAS - EL MUNDO (PREMIUM)
2023-10-16
El pasado de Otegi revive [Vídeo breve]
TOMADO DE LAS REDES






