Oxígeno para Cataluña, CO2 para los catalanes
Oxígeno para Cataluña, CO2 para los catalanes
El editorial de Ayer domingo en El País trufado de incorrecciones y paralogismos demuestra hasta qué punto el problema del nacionalismo catalán no está en Cataluña sino en la atmósfera mediática y política de España.
Desde el título "Oxígeno para Cataluña" y el subtítulo "Los procesos judiciales evidencian la necesidad de soluciones dialogadas" se evidencia esa intencionalidad sesgada. No es Cataluña la que ha llevado al conflicto que se vive aquí, es el nacionalismo catalán el agente provocador y los procesos judiciales no evidencian más que la aplicación de la ley vulnerada en un estado democrático. La necesidad de soluciones dialogadas políticas es tal cuando se reconoce una cierta legitimidad política al agente provocador, y debería ya estar muy claro que las acciones políticas al margen de la ley y sus procedimientos (leyes civiles y de estructura política democrática) no son parte ni tienen legitimidad política de interlocución en la dinámica democrática.
"Cualquier resolución judicial, por matizada y sofisticada que sea, acaba en veredicto -inocencia o culpabilidad- cuyo carácter binario suele ser materia inflamable cuando se procesa e interpreta desde la escena política". Esta interpretación de la justicia y el poder político es antidemocrático porque, sin necesidad siquiera de llevarlo al extremo, limita sustancialmente la separación de ambos poderes.
La solución que aporta es "encapsulando el bucle de tendencias que conducen al enfrentamiento y abriendo junto a él una dinámica positiva de diálogo". Claro que para hacer esto el gobierno de Rajoy debe cambiar su habitual "política agresiva contra las posiciones -acertadas o erróneas- de una mayoría de catalanes". De modo que el origen del conflicto ha sido y es la agresividad (será por omisión) de Rajoy contra las posiciones (dice literalmente posiciones no incumplimientos democráticos) de una mayoría de catalanes (dice literalmente mayoría y dice catalanes y omite Instituciones nacionalistas catalanas). Dice que en caso de "seguir con el discurso exclusivo del mantenimiento (indispensable) de la legalidad, habrá que endurecer posturas, adentrándose en indeseables vías represivas". Y menos mal que dice, también, indispensable mantenimiento de la legalidad, aunque difícilmente se concilia ese mantenimiento recortando por vía política esa misma indispensable legalidad. Teme las vías represivas, una forma de temor que recorta aún más la legalidad que dice de forma tan incoherente. Indeseable la represión en un estado de derecho? Es tan burdo este indeseo que se califica por sí sólo.
"Y si éstas (las medidas represivas) llegasen a mellar, absorber o recortara la autonomía, la probabilidad de que la mayoría de los catalanes franqueasen posturas radicales de las que hoy discrepan sería elevada". El argumento está al nivel de un chantaje pragmático a la democracia; viene a basarse, en definitiva, en otro recorte sumado a los anteriores, éste en base a la autonomía y a los ciudadanos en el borde de esa mayoría social independentista. Así que sobre una mayoría sumamos muchos otros ciudadanos dubitativos que evidenciarían con su deslizamiento posicional al nacionalismo que el resto, si es que queda sería residual y, por tanto, despreciable de todo punto. O bien, directamente, no habría resto.
"La actual efervescencia no es el momento propicio para una oferta completa y articulada, porque quienes deberían escucharla están ahora en su autodefensa, en el cultivo de un martirologio rentable o en el cálculo preelectoral". Vuelve a confundir autodefensa de los imputados (que ni nombra, intencionadamente) con autodefensa del nacionalismo. Se entenderá, nacionalismo atacado.
Todo ello "para decir en voz alta a los catalanes aún no abducidos por el enfrentamiento y la desobediencia -todavía parecen constituir la mayoría social- que son escuchados". Con lealtad", Ahora son, de nuevo, mayoría social los no nacionalistas, un poco más arriba no lo eran. Además pueden ser abducidos. Tiene poca credibilidad en el criterio democrático de los ciudadanos. Por si aún fuera insuficiente debe la democracia escuchar la imposición y el desacato constitucional y democrático de los nacionalistas secesionistas. Y ha de hacerlo con lealtad. Esta lealtad es de imposible catalogación ética o política. Más grave, todavía, de incatalogable deontología en un medio periodístico como El País.
"Quizá España pueda gobernarse sin el entusiasmo de los catalanes. Pero no puede siquiera existir contra Cataluña". Cierra este editorial histórico con el apotegma de España contra Cataluña, por si quedase alguna duda.
Histórico será, como serán históricos todos los que lo silencien, porque comen de él, o porque tienen esperanzas de comer migajas futuras de él, mientras dure. Ciertamente, si nuestra sociedad no fuese una democracia enferma en paliativos, un editorial de este tipo debería llevar a la dimisión inmediata de su director, o yo no entiendo nada, absolutamente nada de democracia.








