Pedro Sánchez catalaniza España
Seguro que alguno hay que entró formar parte del gobierno cargado de buenas intenciones, hasta que se dio cuenta de que, a fuerza de ser honrado, los otros le miraban como si fuese tonto. Si nos hubiesen dicho antes que los siete votos comprados al Vivales con la amnistía no eran para seguir gobernando, sino para seguir trincando, todos lo habríamos comprendido. Esas cosas se avisan, hombre, que el ansia de poder queda muy fea, en cambio, si de lo que se trata es de pillar comisiones, colocar a amiguetes (y amiguitas, claro) en buenos cargos y asegurarse de que a la familia más cercana no le falte de nada, bienvenida sea la amnistía
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