Pero qué asquito dais todos
Todos. No, tú no. Hablo de la clase política del sistema, que incluye no sólo a los profesionales de la política, sino también a los «periodistas» que sirven de coro en esta comedia grotesca. Todo lo que el poder —y la oposición— han montado en torno a la riada de Valencia, un año ya, constituye uno de los mayores espectáculos de irracionalidad general que han visto estas viejas tierras. No hace falta ser ingeniero para entender que las riadas, si no se detienen con presas, se desbordan; que las avenidas súbitas de agua, si no se encauzan, lo anegan todo; que las aguas, si no se limpian los cauces, terminarán arrastrando muros imparables de lodo y cañas y cuanto encuentren a su paso. Da igual.
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