Rejón a Errejón
El delito de abuso sexual se ha volatilizado. El tocón de metro, el viejo verde al que se ahuyenta con un grito, o el compañero de clase bebido en una fiesta ven sus excesos reprobables y a menudo punibles, bajo el mismo tipo que el de los violadores
El político varón que con más ahínco sostuvo que la mujer nunca miente en estas materias fue Errejón. Y acabó encontrándose con una amarga copa de su propia medicina. Puesto que solo alguien sin seso podría creer que la denunciante de Errejón es una inesperada excepción (la única mujer que miente, confirmando la regla), no queda más remedio al woke y la woke (toma desdoblamiento) que reconocer lo obvio: quienes mentían eran ellos. Pero esta conclusión, a la que obliga la lógica, debería por sí sola derribar el edificio moral de la izquierda contemporánea española, especialmente agresiva bajo el ministerio de Montero, y siempre férrea en sus consignas
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