Sin faro en la tormenta

08 - 07 - 2020 / ANTONIO MANILLA - DIARIO DE LEÓN

La justicia, en los tiempos de Roma, tenía su templo no en un edificio sino en una persona. Y su lugar, en la calle: el pretor, cuyo aval moral y su silla plegable de marfil se instalaban cada jornada en un lugar distinto de las basílicas del Foro, impartía sus sesiones de justicia, a la vista de todos

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