¿Sánchez, rey?
La de esta vertiginosa fuga es desoladoramente fácil de esbozar: ministros e íntimos colaboradores del presidente están ya en la cárcel o camino de estarlo. Pendientes de juicio, su esposa y su hermano. Los burdeles familiares salieron al descubierto. En el partido, que él reinventó, nada queda que no haya sido financiado en negro. Si Sánchez pretende salvarse como rey del tablero, habrá de ir entregando algunas piezas valiosas. Son las reglas del ajedrez. Esto es de la guerra. Esto es, en su variedad más pútrida, de la política.
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