Sobre el Monumento a los Caídos de Pamplona
Con el traslado a su cripta de los restos mortales de los generales Mola y Sanjurjo, el Monumento de los Caídos de Pamplona fue inaugurado oficialmente el 17 de julio de 1961. Para entonces, desde 1959, ya acogía en sus muros, de manera provisional y mientras se construía, anexo a él, su templo parroquial definitivo, a la Parroquia de Cristo Rey, que allí permaneció hasta que el 25 de octubre de 1964, festividad de Cristo Rey en esa época, se trasladó a este. Durante esos años, al monumento la vida se la dio la Parroquia y, cuando esta desapareció de él, se quedó vacío y sus puertas se cerraron. Por eso, tan solo dos meses más tarde, en diciembre de 1964, la incipiente ETA ya intentó volarlo y, en septiembre de 1965, cuatro años después de su inauguración y pasados once meses desde la salida de la Parroquia, ya se decía que «un monumento cerrado da sensación de indiferencia y abandono» y que «el monumento tiene un desgaste constante». Por eso, entre el gobernador civil de Navarra y la Diputación Foral, se trató de buscar la manera de darle alguna utilidad.
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