Socialismo posmaterial
El Congreso de Suresnes de 1974, ese que los dirigentes actuales del PSOE han preferido dejar pasar sin rememoración, dio lugar a un nuevo partido que no tenía que ver ni con el histórico de Pablo Iglesias y sus herederos ni con el administrado por Rodolfo Llopis desde el exilio tolosano. El partido encabezado por Felipe González y Alfonso Guerra debió afrontar dos tareas básicas: competir electoralmente en el escenario de la recuperada democracia española y, una vez instalado en el Gobierno, conducir el proceso de estabilización política y de modernización social del país. Con sus luces y sus sombras (corrupción, GAL), su gestión se movió en los parámetros de la vieja socialdemocracia y de la tercera vía con la que esa izquierda respondió al volantazo liberal vivido desde 1973
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