Tres preguntas (y un bulo) para una operación de Estado
Lo que investiga el Tribunal Supremo es la maniobra indudablemente política revelada por este periódico que consistió en utilizar la posición de fuerza de un pilar del Estado para abusar de la privacidad de un particular sometido a un procedimiento judicial y vulnerar sus derechos con tal de arrojarse sobre una adversaria del Gobierno: es decir, la puerta abierta a la total arbitrariedad del poder sobre el ciudadano. Eso y ninguna otra cosa, por más que terminales mediáticas con El País a la cabeza afiancen su vocación de servidumbre utilizando a EL MUNDO como coartada con la que justificar el comportamiento impresentable del fiscal general. Si él y su guardia de corps acaban en el banquillo es porque se acreditan las verdades incontestadas publicadas por este periódico: así es, mal que les pese
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