Un hermoso geriátrico
Un hermoso geriátrico
En Irún el Ayuntamiento socialista abrió en 2017 una convocatoria para contratar a 12 policías municipales en la que exigía un alto nivel de euskera. Un ciudadano lo recurrió y el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco le acaba de dar la razón. Resulta que los derechos los detentan las personas, no las lenguas. Y que el hecho probable de que un vascoparlante se dirija a la administración en esta lengua cooficial no significa que todos los funcionarios deban dominarla. El requisito (no el mérito) del idioma, constata el tribunal, se convierte en «un elemento de discriminación hacia una parte importante de la población». Es cierto.
Lo que se dice allí (y ya en toda España) es que quien no sepa euskera es un vago, o peor: no está comprometido con la supervivencia del pueblo vasco y su cultura. Que se vaya a Cantabria. O a Madrid. Pero, al margen del localismo empobrecedor, habrá que hablar de igualdad de oportunidades. En Euskadi, donde la política lingüística no ha sido más autoritaria (más catalana) porque el euskera es muy difícil de aprender, y donde, pese a las inversiones millonarias, solo un tercio de la población usa el euskera a diario, ocurre que únicamente los vascoparlantes pueden acceder de facto a los mejores empleos, los públicos. Por supuesto, los conciudadanos del resto de España pueden olvidarse.
Lo que en su día fue un impulso sano de promoción de la lengua ha mutado en una imposición que muchos vascos critican casi en secreto. Se quejan de que la lengua asfixia: a sus hijos en la escuela; en las subvenciones prioritarias; hasta para que tu grupillo de rock toque en las fiestas del pueblo. El problema es que mencionar el tabú implica colgarse la etiqueta no ya de no nacionalista vasco, sino de españolista furibundo.
Según El País, hay colegios en Madrid que se están desapuntando del bilingüismo español-inglés porque los alumnos no aprenden bien el idioma ni los contenidos. Hablemos, pues, del peso del euskera en las aulas. También en la enseñanza superior: un investigador químico ha denunciado a la Universidad del País Vasco porque le exigen acreditar un alto nivel de euskera para mantener su trabajo. Así es, en fin, como se construye una sociedad hegemónica. Los efectos ya son medibles. Muchos se van, otros tantos no llegan y el País Vasco avanza imparable hacia su clímax: el de un hermoso y rico geriátrico en el que los jóvenes universitarios sin trabajo empollan euskera para opositar a la Ertzaintza. Del último me enteré el sábado: doctor en Biogenética.
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