Un presidente para siempre o en el juzgado
Pedro Sánchez lleva dos años sin acudir al Senado a someterse a una sesión de control. Tampoco ha cumplido en toda la legislatura con el mandato constitucional de presentar Presupuestos Generales en el Congreso, donde no mantiene una mayoría parlamentaria que compense su déficit de votos en las urnas y legitime su condición de presidente, hasta el punto de que gobierna por decreto, un abuso democrático si convierte lo ocasional en costumbre.
Todo esto es objetivo, y ni en el delirante universo paralelo del sanchismo, que da lecciones contra el odio desde el odio más indecente sembrado en España desde el siglo pasado, puede desmentirlo con algo parecido a un argumento: solo la soflama y el insulto replican ya a la verdad.
ANTONIO R. NARANJO - EL DEBATE
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