¡Vascos, qué raros sois!
No hay nadie más distinto a un cauteloso y estreñido inglés que el abrumador William Shakespeare, palabrero y arrebatado, con muchos más puntos de parentesco con la locura que con el common sense. Y resulta casi una broma de pésimo gusto que el Guernica, esa cosa tan fea y retorcida, carente de la noble nitidez del martirio y obra del único artista español al que la Guerra Civil traía completamente sin cuidado (bueno, tampoco le interesó lo más mínimo la llegada de los primeros hombres a la Luna; la empatía no era el rasgo distintivo del pajarraco), haya acabado siendo el retrato con mayor parecido a nuestra tragedia fratricida
FERNANDO SAVATER - THE OBJECTIVE
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