El 2 de diciembre del 2000 se presentó en Madrid la "Plataforma Libertad"
constituida por cinco asociaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos y las libertades públicas
: Foro Ermua, Asociación de Víctimas del Terrorismo, Movimiento contra la Intolerancia, Foro El Salvador
y Asociación por la Tolerancia.
La entrada como miembro fundador de la Asociación por la Tolerancia en Plataforma Libertad supone un paso
cualitativo trascendental en la historia y los objetivos de la Asociación. La denuncia de los excesos nacionalistas
en Cataluña ha sido el norte que ha guiado la actuación de la Asociación y el hecho de que
aquellos alcancen el paroxismo en el caso del nacionalismo vasco, nos ha llevado a la convicción de que
el ámbito territorial catalán no ha de reducir nuestro compromiso cívico, mas cuando el fenómeno
terrorista no conoce de límites territoriales, y buena prueba de ello es el ensañamiento con el que
ETA viene atacando en Cataluña.
La Plataforma se presentó a la opinión pública con un manifiesto de título especialmente
significativo: «Por el ámbito español de la libertad». Las asociaciones integrantes de
la coordinadora consideramos que a pesar de que hace veintidós años que se aprobó la Constitución,
en España no se ha alcanzado la plena libertad ya que todavía un buen número de personas corren
el peligro de perder la vida por expresar sus ideas o por pertenecer a cuerpos encargados de prestar servicios
públicos a los ciudadanos y la condena del exilio es impuesta por la banda terrorista ETA y sus cómplices
a ciudadanos no nacionalistas que se ven obligados a abandonar el País Vasco e incluso España.
La consecución de un ámbito español de libertad pasa inmediata y fundamentalmente por el impulso
de acciones destinadas a la finalización de la violencia terrorista y el incremento de la solidaridad y
de la justicia con las víctimas del terrorismo. Plataforma Libertad nace con unos objetivos ambiciosos que
buscan acabar con las causas del mal. Basta leer sus fines para hacerse una idea de lo que pretende: impulsar iniciativas
destinadas a la movilización, prevención, educación, información y sensibilización
ciudadana frente a todo proyecto excluyente y totalitario, y promover el respeto a los derechos y libertades fundamentales
de las personas, actuar contra todo tipo de discriminación y defender la pluralidad y tolerancia en el espíritu
de los principios recogidos en la Constitución española de 1978 y la Declaración Universal
de los Derechos Humanos.
No va a tener ningún complejo en denunciar aquellos proyectos que hagan de la intolerancia su bandera, y
es evidente que en el nacionalismo vasco, el dogma del agravio ficticio y de la exclusión del demócrata
está fuertemente arraigado. Pero no sólo en el País Vasco, el nacionalismo catalán
cuenta con un proyecto identitario que reserva un segundo plano a un importante número de ciudadanos (el
proyecto soberanista triunfador en el último Congreso de Convergència Democrática de Catalunya
es especialmente explícito al respecto ) y la trascendencia de la constitución de la Plataforma radica
en que diversas asociaciones, de distinto origen, asumen, a cara descubierta, la necesidad de crear un espacio
de libertad para todos los ciudadanos españoles, y se comprometen para la realización de actividades
y para la creación de un escenario social nuevo que impulse a las autoridades e instituciones a rechazar
programas políticos totalitarios o excluyentes. La contestación es más perceptible si se efectúa
desde una voz plural con ámbito español. Estamos seguros que el nacionalismo, vasco o catalán,
va a presentar estas iniciativas con los sabidos apelativos de "españolistas". De todas maneras,
el recurso facilón de la “ruptura de la convivencia” que tantas veces hemos tenido que soportar cuando hemos
reivindicado la implantación del bilingüismo institucional en Cataluña, va a ser más
difícil de aceptar con la implicación en la Plataforma de asociaciones de enorme prestigio, como
las que nos acompañan en este proyecto.
El victimismo ha constituido el principal soporte de la actividad nacionalista en los últimos años.
Es hora, por lo tanto, de poner de manifiesto que desde hace demasiados años las víctimas en España,
y no sólo por violencia física, tienen su causa en las ambiciones de los nacionalistas identitarios,
y que sus afectados cubren ampliamente todo el territorio nacional. |
El Pen Club Catalán conmemoró el "día del escritor encarcelado"
en las Ramblas barcelonesas con una simbólica representación de una cárcel en la que se encerraba
por unos minutos a un escritor catalán para que pudiera entender lo que es estar en prisión. En otro
orden de cosas, la Coordinación de Derechos Civiles del Ayuntamiento de Barcelona el 15 de diciembre celebró
el Día Internacional de los Derechos Humanos (con un poco de retraso, los Derechos Humanos tienen su fiesta
el día 10 de diciembre). Son iniciativas destinadas a la concienciación de los ciudadanos en favor
de nobles causas. Los escritores catalanes denuncian que todavía en el mundo hay personas que son encarceladas
por expresar sus ideas y la corporación municipal celebra el acto para reivindicar, según reza en
la invitación al mismo, que Barcelona es y quiere ser una ciudad de Derechos.
Ambos actos, el de los escritores y el del Ayuntamiento tienen un elemento común.
La escritora valenciana Isabel-Clara Simó reivindicaba la libertad desde la ficticia cárcel, y así
apareció fotografiada en muchos medios de comunicación, y la conferencia de la fiesta municipal también
fue dictada por ella. Es evidente que no es la persona más adecuada para defender los derechos humanos.
Sus artículos en el diario “avui” son reflejo de una actitud sectaria en la que siempre antepone los derechos
colectivos nacionales a los individuales. Su odio visceral a todo lo que le parezca “español” o procedente
de lo que para ella es España la invalida como persona adecuada para defenderlos. Para muestra un botón.
En diciembre de 1999 unos jóvenes independentistas “encarce-laban” durante unas horas a Jon Juaristi y a
los que le acompañaban en la Universidad de Barcelona con la intención de evitar que el escritor
vasco y el escritor catalán Vidal-Quadras pudieran dictar sus conferencias. El uso de la violencia (lanzamiento
de huevos, encendedores, monedas, globos con pintura -los nazis siempre marcan a sus víctimas-) y el apagón,
provocado por ellos, de las luces del aula lograron su objetivo : las conferencias no se pronunciaron. Lejos de
solidarizarse con sus compañeros de gremio o con las personas que sufrieron violencia verbal y física
en aquel acto, Isabel-Clara Simó minimizaba los hechos en su columna diaria (¡no había para
tanto por unos cuantos huevos!) y justificaba la actuación de los carceleros ; para ella los amos de la
Universidad son los estudiantes y ellos deciden quién puede hablar en su foro: “Si una conferencia cuenta
con el rechazo general de los alumnos la única cosa sensata que se puede hacer es suprimirla”.
No se conoce que el Pen Club Catalán criticara aquellos hechos, ni que tampoco recriminara
a su socia, Isabel-Clara Simó, por su concepción tan particular de la Universidad, de la democracia
y de la libertad de expresión. Disculpar la violencia ejercida sobre los escritores “españolistas”
y avalar genéricamente la libertad de expresión es incoherente. La solidaridad se ha de practicar
con todos los escritores maltratados, tanto con los que se encuentran lejos como con los más cercanos. Diversas
ciudades catalanas, entre ellas Barcelona, se postulan como ciudades “refugio” de escritores perseguidos. La idea
es magnífica pero habrá que tener cuidado con la elección de los anfitriones. Puede que ciudadanos
en Cataluña, de saber que el perseguido es “españolista”, no tengan ningún reparo en delatarlo
a sus perseguidores. Eso sí ¿cómo no? en favor de la libertad de expresión y de los
Derechos Humanos. |